lunes, 21 de abril de 2008

La Torre de los Vientos

Más de lo mismo... y aún así sorprendente. La Torre suscita, sin duda, imágenes en el corazón
del transeúnte transhum(e)ante, pero (Tic-Tac, Tic Tac) estas imágenes no son inmóviles, se funden, cambian de forma (de Forma) según la melodía de esa movediza aldea japonesa de acero y piedra (Yokohama, prefectura de Kanagawa?)...
-y, si queréis reducir a imágenes las palabras del Señor (de la Torre, (que sea por siempre Santo bendito ))-estaba diciendo Solomon-, vosotros congeláis esa voz, como si fuera agua fresca que se convierte en hielo. Entonces ya no quita la sed, sino que adormece las extremidades en la frialdad de la muerte...
-Pero... -dijo Felipe, algo confundido-, ¿Cuál es el paso, o cómo (don’t slide... so try to make mistakes, you’re only human), cómo es el proceso de concreción de la palabra (La Palabra) en arquitectura?
-No lo sé. Pero pretender conocer el sentido espiritual de cada parte de La Torre construyéndolo a la manera de un albañil (ice-cream castles in the air), no me parece el camino.
-Entonces, ¿Hasta qué punto debe(n) tomarse en cuenta (en serio) los aspectos metafísicos (en la arquitectura) de este cilindro elíptico de aluminio perforado de 21 metros de altura (el cual, al caer la noche, pierde corporeidad, la estructura original desaparece y un recubrimiento de espejos multiplica el baile de mil luces en su interior)?-preguntó Ernesto.
-La visión se parece a los sueños, donde las cosas se transforman unas en otras, no se parece a las imágenes de vuestras iglesias, donde las cosas permanecen siempre iguales a sí mismas-respondió Solomon, y luego dirigiéndose a Felipe, que lo miraba intrigado, sentenció: -El lenguaje artístico contiene lo mejor de cada lengua y (al igual que la lengua adámica) tiene la misma forma (Forma) que el mundo creado, de modo que cada nombre expresa la esencia de la cosa misma que nombra (o muestra).
-Una forma (o una obra)¿ puede, pues, cobrar distintas identidades?-Preguntó Jorge.
-A mí lo que me gustaría saber-,añadió L.-es si, para entender la obra artística influye más mi propia percepción sensible o lo que se supone quiere dar a entender el autor.
-Pero-intervino Avis-, ¿Quién habló de “identidad”? Si a lo que ustedes se refieren es a las distintas lecturas que una obra es capaz de generar, esa es otra cosa.
-Así es-dijo Solomon-, la obra de arte vela y revela al mismo tiempo. Y abre vía a su propia vorágine de interpretaciones...
-Eso es cierto desde que el primer artista pintó el primer uro sobre las paredes de su húmeda cueva, y el primer crítico lo vio y dijo: “Pero, ¡eso es un Uro !” Pero no era un uro, era una pintura. (Desde entonces la crítica de arte ha ido en decadencia)-Pensé, y luego dije-: tomemos el ejemplo de Dalí, en todos esos teléfonos medio rotos o derretidos, tan recurrentes en algunas de sus pinturas. Pues bien, él decía: “teléfono” y le daba una connotación “paranoico crítica”, mas eso que aparece pintado en todos sus detalles, era en verdad el artefacto “teléfono”, que servía básicamente para lo mismo que sirven nuestros teléfonos de hoy; pero nosotros, “hoy”, no podemos sustraernos a la percepción de que eso fue un teléfono (que quizá algunos de ustedes ni siquiera han conocido en la casa de su abuela) y es así como se desvirtúa el sentido primigenio otorgado por el artista al pintar ese artefacto, con una intención determinada, es decir: la lectura es “otra”, (a pesar nuestro, o mío al menos).
-Es quien ve el que determina lo que ve, no quien muestra.-Sentenció Solomon.
-Pero entonces, ¿A partir de qué factores se puede decir que la forma adquiere sentido (para nosotros)? -preguntó Oscar.
-Eso!-continuó Ernesto-¿Qué es lo que nos hace llegar (finalmente) a una comprensión del sentido del arte, sin dar posibilidad a una tesis equivocada?
-Esa posibilidad-, respondió Avis meneando la cabeza-, está siempre latente y acechando.-Y luego agregó-Veamos, por ejemplo, lo que sucede cuando una de nuestras teorías, en algún punto, nos deja “a la intemperie”, pues nos dice que la cosa está y resulta que no está y, aún así, tendemos a sostener aquel punto en particular, y solemos ajustar la teoría de diversas maneras, de acuerdo con nuestro sentido estético, para tratar de mantenerla intacta.
-Eso es debido a que nuestras creencias, nuestra teorías, constituyen nuestra Realidad, y, sea como sea, en ciertas situaciones la cuestión estará determinada (como frente a un león), en otras existirá un espacio que nos permita jugar.
-Con todo-aventuró Jessica-,podría decirse que no existe una obra en la escultura, pintura que sea creada sin concepto alguno en su principio.
-Podría decirse que lo que sucede es que no podemos distinguir entre lo que depende de nuestros esquemas conceptuales y aquello que depende del mundo.
-Mmm, dicen por ahí que las obras cambian el mundo sólo si el mundo consigue digerirlas.-Dijo Solomon.
-Aristóteles afirmaba que decir la verdad-murmuró X. con los ojos brillantes-es describir cómo es la cosa.-y añadió-Es así como un lenguaje que funcionase cual espejo del mundo, garantizaría la validez de nuestras ideas.
-Sin embargo, y volviendo a la Torre, desde cierto punto de vista ésta es un espejo de su circunstancia, por lo que no es material
-No desvaríes!-Respondió Avis.-En el caso de la Torre está claro que ello se debe a razones técnicas, pues la dirección y velocidad del viento, así como la intensidad sonora del tráfico que la rodea son registradas (estos japoneses se las traen) y se convierten, convenientemente
transformadas en impulsos eléctricos, en efímeras arquitecturas de luz.
-La luz es su materia-. Sugirió alguien.
-Tal vez.
-¿A qué se refieren con materia?-preguntó Felipe, y todos lo miraron.
-Diríase que la expresión como resultado de la forma se encuentra entonces relacionada y
contextualizada con la técnica con que fue ejecutada la obra-Preguntafirmó Andrés.
-Exacto. En el caso de la Torre su forma solo es una red que desea atrapar la esencia de cada momento (filtrando las informaciones ambientales que, al entrecruzarse, tejen la realidad del lugar).
-Pero-,intervino Jessica levantando la mano-¿Existe Arte sin técnica?
-Ciertamente no-dijo X. convencido-. Cada una de las seis artes que existen ejerce distintas maneras de dominio o “maestría” sobre la materia que le corresponde lo que, por supuesto, implica una técnica propia...
-¡La Torre nunca es la misma, por lo que es efímera!-gritó alguien de repente.
-La Torre es un espejo silencioso pero cambiante-explicó Avis.
-Sin embargo-dijo Solomon-,aquella idea de Aristóteles que tuvo a bien traer al ruedo cierto aprendiz (y en ese momento fijaba la mirada en X., que se hacía el distraído) se apoya en una potente imagen mitológica: la del lenguaje como espejo neutral; lo que nos lleva a ver que la pulida piel reflectante de la Torre puede, de hecho, verse deformada por ciertos agentes particulares: nuestras propias ideas.
-¿De que hablas?-Preguntó Avis.
-Yo, amigo mío, propago ideas. El mío es el oficio más arriesgado del mundo, ¿entendido? Soy responsable de la difusión del pensamiento (incluso del más incómodo). Algunos (ja!) creen que un objeto vale por sí mismo, creen en la belleza de las ideas como tales.
-¿Y tú, no?-dijo Avis.
-La idea es válida en tanto se difunde en el lugar y momento adecuados, amigo mío.
-Bah! Foucault ya había escrito en 1969, en su “L’Archeologie du Savoir”: “No podemos hablar de cualquier cosa en cualquier época”.No existe un punto de vista absoluto, libre del légamo de la cultura, desde el cual mostrar qué es lo válido...
-Desde luego, mas sin punto de vista, no hay pensamiento.
-¿Eso quiere decir que algo que fue revolucionario, deja de serlo (y de ser moderno) al nacer una corriente que rompe con la que lo acoge?-preguntó tímidamente K.
-¡Desde luego que no!-respondieron al unísono Avis y Solomon y enseguida se miraron y preguntaron-:¿Y eso que tiene que ver con lo que discutíamos?
-¡Es una pregunta pertinente!-se defendió K. inclinando la cabeza mientras fijaba su mirada tristeansiosa (típico gesto suyo) en los rostros inexpresivos de sus interlocutores.
Al cabo de un tiempo, todos parecían inmersos en sus propios (e hilarantes) pensamientos. De pronto una voz se escuchó:
-Ehmm ...¿Pero, son las artes realmente necesarias?
Al escuchar esto todos vacilaron, luego dirigieron sus miradas ansiosas al profesor, pero éste ya había mirado su reloj abandonando prestamente el lugar, no sin antes murmurar para sí-“espero que se hayan dado cuenta de cómo la Forma puede llegar a ser tanto o más importante que el contenido”...
Mientras se producía el habitual desbande general, Avis tuvo tiempo de deslizar en manos de K., sin que los demás lo notaran, un misterioso manuscrito cuyas primeras palabras rezaban: “El Arte es superfluo, inesencial, periférico...”


REFERENCIAS
1.-“Atlas de Arquitectura Actual”, Könemann, 2000.
2.-Umberto Eco, “Baudolino”, Lumen, 2001.
3.-Preguntas de alumnos del curso de Expresión Espacial II, 2002
4.-Bob Black, “Sobre la Huelga de Arte”, Artpaper vol 9 #4, 1989.
5.-Humberto Maturana, “El Sentido de lo Humano”, Hachette, 1992.
6.-Luther Blisset, “Mitologia: el novecientos bajo los pies”, Bertiolo, 1996.
7.-Luther Blisset, “Q”, Mondadori, 2000.
8.-Michel Foucault, “La Arqueología del Saber”, 1969.
9.-Consideraciones del profesor.
10.-Felipe Nuñez, “Filosofía del Arte, y Fábula del Mundo”, conferencia transcrita en E-Texto, 1997.

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